Prisionera de un pánico invencible, y aunque sé de la inutilidad de todo sueño, desde esa cárcel torturante que es la vida, pido la autonomía total del hombre y el derecho a no justificar para nada su existencia.
CLARA JANÉS
sábado, 6 de agosto de 2011
Se hizo de noche al mediodía. No pude respirar. Tanto metal entre la carne, aquel sabor a cieno y sobre todo el corazón oblicuo, sí, eso es, el corazón oblicuo. Como las tejas de un tejado, resbalando. El viento arriba (había viento, sí, un viento suave). Pero ya terminó. Una sombra no hace la noche entera. Volvamos cada uno a lo que nos distingue: esa historia concreta, personal que nos mantiene a salvo -mientras tanto. Una sombra no hace la noche entera -¿o sí la hace?